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La huella

 

De mañana al abrir los ojos alargué mi mano para tocarte. Acariciar tu piel suave como una perla y solo encontré el vacío que tu cuerpo había dejado en el colchón.

Con rabia me revolví en la cama abrazando tu sitio, el altar donde tantas veces me había postrado para contemplar tu mirada mientras yacías ante mí, desnuda de cuerpo y lo mejor de alma. Almas juntas en la danza universal del amor.

La huella maldita, el vacío que deja un cuerpo cuando se va, porque tu alma hacía tiempo se había ido.

Lloré. Llore por tantas veces que no había llorado, por tantos silencios rotos solo por los aullidos lejanos de los demonios que acechaban y cercaban nuestro amor cada vez más.

Te busqué con rabia, como loco hasta despertar de mi sueño repetido durante mis quinientas noches.

Mas tarde con la taza de café humeando apoyado en el umbral de la cocina donde tantas veces te contemplaba al atardecer cocinando, cantando y soñando. Comprendí por fin que te habías ido para siempre.

Con cariño fui a repasar la cama de nuevo, acariciando cada uno de los huecos impresos donde dejaste la huella de nuestro amor y me rendí a la evidencia.

El hueco de tu huella estaría para siempre marcado a fuego en mi corazón.

Llevé mis manos a ese hueco y me sentí por fin completo al ver que tu ausencia estaba dentro de mí. Por fin éramos de nuevo dos, tu huella y yo.

 

Dedicado a todos los amores que se fueron sin querer irse. Dedicado a todas las situaciones en que la vida nos pone a prueba con una brutal despedida.

Con amor. Antonio 5/7/2021

LAGRIMAS EN LA DISTANCIA


Hoy lloro por tí.

Mi lagrima discurre por mis mejillas y empapa el café que sostengo en mis manos, enfriándolo.

Tal como sucede en mi corazón.

Hoy leo la noticia. Te imagino cayendo con tu hijo en brazos, sujetándolo contra tu pecho, en un ultimo intento por evitarle el daño, el sufrimiento.

Quien podría evitarlo, quizás alguno que observa tras la puerta cuando sales de casa a buscar trabajo.

Quizás ese otro que pudo sostenerte y no lo hizo cuando fuiste a pedir ayuda.

Te imagino con tu hijo en brazos engrosando como tantas veces la cola del paro y te veo caer.

Volver humillada a casa después de sentir el acoso de los perros negros del hambre. Del hambre maldita que ataca a tu hijo. 

No te conozco y te veo caer y lloro contigo, aunque no sepa quien eres. Aunque con tu anonimato se borren las huellas de la ignominia.

Y te siento caer y tu vacío a tus pies es el mío y es el de todos los que estamos metidos en esta maldita locura de sociedad psicopática.

Mañana dirán que estabas loca, que pasabas una depresión postparto, que no pudiste con tu vida. Yo no te conozco y siento tu dolor.

Tus gritos ahogados en el silencio de la oscuridad porque hasta las velas se acabaron y ya no había dinero para más.

No te conozco y aun para mi vergüenza mañana miraré para otro lado tratando de olvidar y seguir con mi vida. Hoy no.

Hoy mi lagrima discurre con la tuya y mi dolor confluye con el tuyo y la misma locura nos invade.

Porque no hay dolor mas grande que mirar al vacío apretando a nuestro hijo contra el pecho.


Porque tu dolor es el dolor de todos los que hemos concertado nuestra caída y la de los nuestros con nuestro silencio cruel.


LA NOTICIA:
Una mujer de 37 años de edad se ha arrojado al vacío desde un sexto piso con su hijo de cuatro años en brazos este lunes en el barrio de San Antón de Murcia. (publicado hoy en 20 min.)