Invierno en el alma.





Hoy me he levantado triste, el despertador se ha parado como intuyendo que hoy no era el momento de despertar. Fuera un sol radiante se dejaba entrever a través de las rendijas de la persiana  una lluvia de luz persistente.


Demasiados días encerrado, demasiado tiempo solo a pesar de la comunicación tecnológica con mis amigos y mis seres queridos pero la soledad hace mella.

Mi alma se atormenta, nunca mejor dicho porque hecho de menos el contacto de cuerpo con cuerpo, de vida con vida. Hecho de menos los abrazos próximos, los abrazos extraños, hasta los que se dan por compromiso.

Tantas veces dicho y repetido que en el momento de irnos estamos siempre solos. Sí y aun siendo esto cierto qué sucede en el instante antes de irte. No partirás recordando esa suave caricia dada con amor, ese delicado beso de una hija que despide tu partida, se habrá negado la ultima puerta de conexión hacia el infinito.

Esto me aterra y esto esta sucediendo en este momento a tantas personas a tantos seres queridos, añoraremos su compañía. Pasara el tiempo y en nuestra vulnerabilidad estableceremos una barrera de defensa para no recordar, para así salvar nuestra destrucción interior. Y sin embargo la sombra de la soledad en el último instante seguirá planeando sobre todos nosotros.

Tantos muertos solitarios, tantos seres agonizando sin poder despedirse, tanta desesperación en tantos hijos que habrán roto un pedazo de su corazón para poder seguir viviendo.

Siento una rabia inmensa fruto de mi propia desesperación ante la necedad, la incompetencia, el individualismo y el egoísmo social que nos ha llevado a esta situación.

Pronto veremos de nuevo el circo y asistiremos de nuevo a los tensos debates para exculparse unos y otros. Que pensaran los que se fueron si es que siquiera existe un sitio por ahí arriba donde podamos pensar.

Habremos aprendido algo. Sacaremos algo en limpio de toda esta situación vivida. Me gustaría pensar que sí. Durante mi vida casi siempre me dijeron que era muy optimista. Permitirme que por primera vez en mi vida no lo sea. 

Con amor y rabia lo comparto con vosotros.
Antonio

Una reflexión

Sí. La situación que estamos viviendo por describirla de alguna forma es extraña. 

Nosotros afortunadamente no lo estamos viviendo con angustia. Hay mucha gente que sí, porque sobre todo en Madrid a casi todos les toca algún familiar, amigo cercano que ha cogido la enfermedad.
Mí hija está conmigo permanentemente, mi ex esposa tuvo que seguir trabajando y no estimamos conveniente seguir haciendo los intercambios semanales por seguridad.
Retomo lo de la situación extraña. Acostumbrarte a vivir en un piso de 70 metros cuadrados y hacer toda tu vida allí es dificultoso, cuando tu cuerpo y sobre todo me refiero a Ariadna contiene mucha energía que gastar.
Acostumbrarte a ir al super con guantes y mascarilla, a comprar lo indispensable y al volver lavar toda la ropa que has utilizado, también se hace extraño.

Lo más extraño ¡LA AUSENCIA! la ausencia social, no poder viajar puede solventarse y te acostumbras, pero no poder ver a tus amigos y tus personas queridas, no pisar los caminos que habitualmente pisas... No poder abrazar y dar un beso. Esto si se hace duro.
Quizás lo más duro de todo es la incertidumbre de no saber cuándo pasará.
 Esto nos lleva, me lleva a topar con la vulnerabilidad, darse cuenta de que no somos lo que creemos, que nuestro ego nos ha llevado a pensar que somos invulnerables y constatar con tristeza que no es así nos lleva al recogimiento y a administrar nuestro ser interior.

Todas las noches Ariadna y yo salimos a aplaudir, a las ocho de la noche, no somos únicos, somos todos. los barcos del puerto de Palma suenan todas sus sirenas, incluso los coches de policía que patrullan también. Sentir la unidad, el afecto y la pertenencia te devuelve la esperanza.

Espero que cuando pase todo esto, algo habremos aprendido y algo podamos cambiar. No podemos seguir esquilmando este planeta, no tenemos derecho, tampoco podemos seguir maltratando a nuestros vecinos en función de su origen y necesidad, no tenemos ningún derecho. Tendremos que aprender de nuevo a viviry a convivir. Y quizás nuestro planeta todavía nos ayude .

Un gran abrazo a tod@s en nuestro decimo quinto día de confinamiento.

Cuando el ángel de la muerte roza con sus grandes alas

Hoy he tomado café donde casi todos los días desde que vine a vivir a Palma.

Cuando salía de casa he sentido un movimiento inusual, como un traquetreo que no podría decir en qué consistía, pero había algo fuera de lo habitual.

Al doblar la esquina dos policías que no debían estar allí, una vecina hablando con otra de forma muy callada, en una acera normalmente desierta y donde la vida no se detiene nunca a charlar.


Al llegar al café y sentarme en la mesa me sentía inquieto, algo no estaba como debería estar normalmente. Todo en una apariencia de seguir lo cotidiano. Hasta que, por fin y justo a mi lado, de una mesa a otra salta la revelación trágica. Alguien se arrojó por una terraza justo en el edificio de al lado mío.

Un joven de unos cuarenta comienza a explicar a una señora mayor de mesa a mesa como ha vivido la tragedia. Regresaba del trabajo y al pasar al recinto, el vive en el mismo edificio, la encontró ahí tirada, inmóvil, no había nada a su alrededor que pudiera clarificar el encuentro, pero el supo en ese mismo instante que ya no estaba, que se había ido sola, sin decir adiós, sin despedirse.

Este joven todavía conmocionado buscó en si mismo que hacer y en este momento repara que alguien a su lado, otro desconocido esta llamando a emergencias.

Después lo habitual, lo técnico, la policía, la ambulancia y el juez, esto llega mas tarde, cuando ya está todo el drama ejecutado y la puesta en escena llega a su fin.

Antes, horas antes y esto forma parte de la ficción de vivir, una anciana de setenta años, que vive sola después de toda una vida educando, cuidando, y soportando la carga familiar posiblemente de un marido y unos hijos a veces demasiado duros con ella. Vive sola.

Una anciana que posiblemente por ultima vez consulta su antigua agenda de teléfonos de los "por si acaso" y descarta muchos por "el para qué importunar", una anciana que a lo peor ha recibido un diagnostico demasiado duro para afrontar sola, o a lo peor, peor, ha recibido la noticia de una despedida aún más dura.

Algunos dirán que no era para tanto, otros dirán que estaba enferma, los mas allegados puede que hasta se den cuenta de cuanto podían haber escuchado su silencio. El hecho es que nadie estaba allí.

Las enfermedades diagnosticadas modernas del siglo XXI pueden matar. La soledad también.

DISEÑADAS PARA SER ADICTIVAS

Hoy he tenido la gran suerte de recibir en mi wahtsapp un video de youtube que es parte de una conferencia que ha dado la dra. Marian Rojas Estapé  medico licenciada en psiquiatria.

Durante mucho tiempo, tengo ahora dos hijos de cuarenta años y una hija pequeña de siete y medio como ella misma manifiesta. He intuido que las herramientas informaticas, ademas de ser un gran avance para la humanidad y tener la capacidad de ayudar a su desarrollo e integracion. Tambien constituian un arma potencial en manos de desalmados y miserables si no vigilabamos de cerca sus intenciones.

En toda la adolescencia de mis hijos que se desarrollaron con los primeros ordenadores personales, spectrum, 286, 386 etc.. siempre mantuve una actitud de alarma encendida porque veia que aquellas viejas pantallas ya resultaban demasiado atrayentes. esto me ha costad más de una discusión y sentirme un padre un tanto rarito.

Posteriormente surgieron los móviles que hoy conocemos. Que maravilla. Al fin nos podiamos comunicar desde cualquier sitio y en cualquier momento. ¡Alguien da mas!.

Pues sí. Nacieron los video juegos para jugar en red. Ya no necesitabamos salir a jugar a la calle, para qué. Hace frio ó calor segun la estación y lo peor, la calle es un lugar peligroso. Mejor en casa.

Y por fin nacieron las redes sociales. Alucinante, ya no tengo que exponerme delante de alguien para decirle que me gusta, una carita lo hace por mi.

Al fin caimos en la trampa, esta estaba oculta en el primer eslabón y se ha ido desarrollando y perfeccionando de una manera siniestra y perversa para conseguir que los más vulnerables, los niños caigan como pececitos en la adiccion.

Los monstruos que lo han diseñado, sabían el poder dañino que entrañaba pero no les importa lo mas mínimo, eso sí a sus hijos y a quienes cuidan de sus hijos si les han prohibido utilizar pantallas.

La droga es para quien la consume, no para quien la distribuye, dice esta doctora en su conferencia.

Pero vamos mas alla todavia. Intuyo que para los gobernantes no seria muy costoso normativizar y legislar en favor y proteccion de estos niños. Pero tambien intuyo una cierta connivencia con los monstruos, porque de verdad ¿no es mas manejable un ser cuanto mas vulnerable y adicto sea?.

Quizas ahora nos comenzamos a asustar porque han crecido demasiado las casas de apuestas y juego en nuestros barrios. Puede ser el resultado de haber dejado que los monstruos entraran en nuestras propias casas sin haber reparado en ello.

No dejeis de escucharla por favor. Todavia queda esperanza.


LAS HIENAS Y LOS INVISIBLES


En 1862 Victor Hugo dio luz a una de sus novelas más importantes “Los Miserables”. En ella retrataba los estereotipos de una sociedad en la que si eras pobre además eras potencialmente delincuente y carne de presidio.

En 2020 la realidad no ha cambiado tanto. Ahora tenemos unos jóvenes con nosotros que denominamos eufemísticamente MENAS, o simplemente y hablando en general MENORES TUTELADOS. En mi opinión nuestra novela de este siglo, se podría titular “Los Invisibles”.

En realidad, son menores desamparados, algunos vienen de lejos huyendo de la miseria, la explotación y la guerra utilizando como único recurso su instinto de supervivencia.

Los otros, los nacionales, los más vienen de aquí mismo, del piso de al lado, del mismo barrio que habitamos y a veces de familia cercana, lo que sin duda arroja más horror.

Todos y todas tienen algo en común. El dolor de sentirse excluidos, diferentes por el solo hecho de no haber nacido en el lugar adecuado y en el seno de la familia adecuada. 

Muchos han sido víctimas de una violencia infinita y castradora desde casi su nacimiento, modificadora de actitud y pensamiento aún más si encima tuvieron la osadía de nacer mujer. 

Tienen roto el corazón cuando apenas son unos niños, cuando lo que tendrian que estar es plenos de caricias, de afectividad y de amor. 

Se muerden las lágrimas por no poder llorar y buscan cobijo y caricias que tanto añoran en el sitio equivocado. Es fácil de entender.

En estas circunstancias son presa fácil para cualquier caníbal hambriento de carne joven. Y estos depredadores, como las hienas van bordeando el rebaño por donde quiera que pase.

Los acompañan a lo largo del interminable camino, les esperan a la salida de los centros, acechan de todas la formas imaginables. Siempre manifestándose desde su poder superior. 

Les ofrecen las migajas de su tétrico menú para invitarles en el festín y así de unos en otros los buitres se ceban y cierran el circulo, protegiéndose frente a extraños a su hazaña. Sellando bocas, silenciando denuncias, y torciendo voluntades compradas con silencio de dolor y desesperación cuando no de muerte.

Pero no tenemos de que preocuparnos. Hemos construido centros donde acogerlos, tenemos un sistema que los alimenta correctamente, los cuida y los mantiene tutelados. En nuestra sociedad tan bien preparada no suceden estas cosas porque todo funciona. 

¿O quizás no?. 
    
Con una tristeza inmensa. Antonio 27 de Enero de 2020.
Yo personalmente no miraré hacia otro lado.