EL TIEMPO TRANSCURRE

 


Hoy después de algún tiempo, varios meses quizás. He vuelto de nuevo al pueblo donde he vivido años felices de mi existencia. Hoy he vuelto al bar en el que tuve la inspiración para hablar de lo que consideraba la calidad de vida.

Hoy al entrar, como entonces, me dieron los buenos días., cuanto tiempo, sonrisas. y mi café con leche que ya estaba humeando como a mí me gusta, encima de la barra.

Hoy la dueña me ha dicho, entre alegría y sollozos que era el penúltimo día que ella, ellos estaban allí.

Se jubilan. Les he felicitado. Después de toda una vida de trabajo, cocinas, fogones, enfados de borrachos que no entienden del descanso. Han tomado la decisión de jubilarse y me alegro por ellos. Sin embargo, una sensación de tristeza y abandono recorre mi cuerpo. ¿Quién me servirá ahora el café con leche después de tanto tiempo y lo que es mucho más interesante, quien se interesara por mi de aquí en adelante?.

A veces un cafe, una charla por la mañana, una sonrisa, un abrazo...

Tenemos tanto déficit de afectividad hoy en día que hasta con el traspaso de un bar sientes pérdida en tu corazón. Feliz nueva vida queridos amigos.


Diario de un náufrago a 10 de agosto 2021 segundo año de la pandemia.

La huella

 

De mañana al abrir los ojos alargué mi mano para tocarte. Acariciar tu piel suave como una perla y solo encontré el vacío que tu cuerpo había dejado en el colchón.

Con rabia me revolví en la cama abrazando tu sitio, el altar donde tantas veces me había postrado para contemplar tu mirada mientras yacías ante mí, desnuda de cuerpo y lo mejor de alma. Almas juntas en la danza universal del amor.

La huella maldita, el vacío que deja un cuerpo cuando se va, porque tu alma hacía tiempo se había ido.

Lloré. Llore por tantas veces que no había llorado, por tantos silencios rotos solo por los aullidos lejanos de los demonios que acechaban y cercaban nuestro amor cada vez más.

Te busqué con rabia, como loco hasta despertar de mi sueño repetido durante mis quinientas noches.

Mas tarde con la taza de café humeando apoyado en el umbral de la cocina donde tantas veces te contemplaba al atardecer cocinando, cantando y soñando. Comprendí por fin que te habías ido para siempre.

Con cariño fui a repasar la cama de nuevo, acariciando cada uno de los huecos impresos donde dejaste la huella de nuestro amor y me rendí a la evidencia.

El hueco de tu huella estaría para siempre marcado a fuego en mi corazón.

Llevé mis manos a ese hueco y me sentí por fin completo al ver que tu ausencia estaba dentro de mí. Por fin éramos de nuevo dos, tu huella y yo.

 

Dedicado a todos los amores que se fueron sin querer irse. Dedicado a todas las situaciones en que la vida nos pone a prueba con una brutal despedida.

Con amor. Antonio 5/7/2021