Mostrando entradas con la etiqueta ternura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ternura. Mostrar todas las entradas

MATAR A UN NIÑO


Cuando veo lo ocurrido en Palestina, como en tantas partes del mundo, niños masacrados blancos, negros de todas las razas y religiones. Solo puedo ver la insaciable codicia humana, el afán machista de prevalecer los unos sobre los otros. ¿Que dios es mas justo, el que mas mata? ¿El que acaba por destruir, esclavizar y anular al otro?

No lo hacéis en nombre de ningún dios. Lo hacéis por crueldad y conscientemente anuláis al otro,     le negáis su existencia.

No, la gente normal, lo que vosotros dirigentes psicóticos llamáis despectivamente el pueblo, las clases populares, no somos así. Tarde o temprano habrá un momento en que esa gente, ese pueblo que llora impotente ante sus niños asesinados levantará la vista y dirá basta.

 


Cada niño asesinado es un puñal clavado en el cuerpo universal de la especie humana. Nos estamos desangrando a nosotros mismos y estamos tan anestesiados de poder y tan borrachos de tecnología que somos incapaces de sentirlo y poner conciencia en ello.

Hoy lo vemos avergonzados y miramos para otro lado, ahora son ellos, sus niños por los que lloran, luego pueden ser los nuestros y seremos nosotros los que lloraremos, que importa que niños sean, la cadena de la crueldad y la miseria humana sigue añadiendo eslabones uno tras otro y parece que no tiene fin y a nadie le importa nada.

Hay que despertar, abrir los ojos y mirar. Alguien tiene que parar esto.

La huella

 

De mañana al abrir los ojos alargué mi mano para tocarte. Acariciar tu piel suave como una perla y solo encontré el vacío que tu cuerpo había dejado en el colchón.

Con rabia me revolví en la cama abrazando tu sitio, el altar donde tantas veces me había postrado para contemplar tu mirada mientras yacías ante mí, desnuda de cuerpo y lo mejor de alma. Almas juntas en la danza universal del amor.

La huella maldita, el vacío que deja un cuerpo cuando se va, porque tu alma hacía tiempo se había ido.

Lloré. Llore por tantas veces que no había llorado, por tantos silencios rotos solo por los aullidos lejanos de los demonios que acechaban y cercaban nuestro amor cada vez más.

Te busqué con rabia, como loco hasta despertar de mi sueño repetido durante mis quinientas noches.

Mas tarde con la taza de café humeando apoyado en el umbral de la cocina donde tantas veces te contemplaba al atardecer cocinando, cantando y soñando. Comprendí por fin que te habías ido para siempre.

Con cariño fui a repasar la cama de nuevo, acariciando cada uno de los huecos impresos donde dejaste la huella de nuestro amor y me rendí a la evidencia.

El hueco de tu huella estaría para siempre marcado a fuego en mi corazón.

Llevé mis manos a ese hueco y me sentí por fin completo al ver que tu ausencia estaba dentro de mí. Por fin éramos de nuevo dos, tu huella y yo.

 

Dedicado a todos los amores que se fueron sin querer irse. Dedicado a todas las situaciones en que la vida nos pone a prueba con una brutal despedida.

Con amor. Antonio 5/7/2021

EL RIESGO ES VIVIR AISLADO

 

Soledad. Confusión. Abatimiento. Enfado. Rabia. Rebeldia

¿Te resuenan estas palabras?.

No son palabras huecas. En la actualidad que vivimos representan el 90% de las emociones que hemos sentido desde que comenzamos la andadura de la pandemia.

El troncal de todas ellas es el MIEDO al futuro que nos espera, porque por primera vez la incertidumbre nos acecha. No sabemos que va a pasar y esto nos achica y arrincona.

La verdad es contundente y a la vez la manipulamos a nuestra conveniencia.

Desde los mas negacionistas a los mas sumisos todos y todas nos arrinconamos en nuestro miedo. Esto bajo mi punto de vista es lo mas perjudicial. El ser humano no puede sobrevivir solo.

Al mismo tiempo no podremos sobrevivir en la locura de la negación. La situación actual pasa por aceptar la realidad que nos va a cambiar nuestro modo de vivir.

Durante este tiempo yo mismo he pasado por estos diversos estados y ahora no busco responsabilidades fuera de mi que también seguro que las hay y unos y otros tendremos que responder por ellas. Mas bien al contrario busco la manera, la mía, de aportar algo de luz a mi alrededor. Comenzando por la familia próxima, por los amigos del alma y desde ahí en todos los entornos que me muevo.

El mantra que repito una y otra vez más por mí mismo que por ellos es:

 < me niego a vivir el resto de los días de mi vida con miedo >

Cuando digo esto casi inmediatamente siento en mi cuerpo una sensación de alerta. Es entrar en el momento presente y sentir. Cuando la respuesta es miedo. Inmediatamente cambio la actividad, la conversación o lo que quiera que estuviera haciendo que me ha llevado a ello. Puede ser un recuerdo, la añoranza o la incertidumbre. Pero todo esto nos arranca de vivir el momento presente. Busco conversar con amigos, busco relacionarme con mi gente. Si puedo y es aconsejable, en persona, si no por teléfono o como quiera que sea, pero ante todo evito permanecer aislado.

Estar aislado es muy distinto de vivir y estar soledad. Uno puede tener una gran familia con quien convive y estar en mucha parte del tiempo aislado. En este entorno la tristeza y el abatimiento caen sobre nosotros. Por el contrario puedes vivir en soledad y estar rodeado de gente a quien le importas y lo principal que también te importan a ti y por eso contactas con ellos.

Como conclusión dos frases que de nuevo vienen a mi cabeza.

Elegir vivir aislado es morir en vida.

La amistad y el amor son unas flores delicadas y hay que cuidarlas todos los días.