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MATAR A UN NIÑO


Cuando veo lo ocurrido en Palestina, como en tantas partes del mundo, niños masacrados blancos, negros de todas las razas y religiones. Solo puedo ver la insaciable codicia humana, el afán machista de prevalecer los unos sobre los otros. ¿Que dios es mas justo, el que mas mata? ¿El que acaba por destruir, esclavizar y anular al otro?

No lo hacéis en nombre de ningún dios. Lo hacéis por crueldad y conscientemente anuláis al otro,     le negáis su existencia.

No, la gente normal, lo que vosotros dirigentes psicóticos llamáis despectivamente el pueblo, las clases populares, no somos así. Tarde o temprano habrá un momento en que esa gente, ese pueblo que llora impotente ante sus niños asesinados levantará la vista y dirá basta.

 


Cada niño asesinado es un puñal clavado en el cuerpo universal de la especie humana. Nos estamos desangrando a nosotros mismos y estamos tan anestesiados de poder y tan borrachos de tecnología que somos incapaces de sentirlo y poner conciencia en ello.

Hoy lo vemos avergonzados y miramos para otro lado, ahora son ellos, sus niños por los que lloran, luego pueden ser los nuestros y seremos nosotros los que lloraremos, que importa que niños sean, la cadena de la crueldad y la miseria humana sigue añadiendo eslabones uno tras otro y parece que no tiene fin y a nadie le importa nada.

Hay que despertar, abrir los ojos y mirar. Alguien tiene que parar esto.

LAGRIMAS EN LA DISTANCIA


Hoy lloro por tí.

Mi lagrima discurre por mis mejillas y empapa el café que sostengo en mis manos, enfriándolo.

Tal como sucede en mi corazón.

Hoy leo la noticia. Te imagino cayendo con tu hijo en brazos, sujetándolo contra tu pecho, en un ultimo intento por evitarle el daño, el sufrimiento.

Quien podría evitarlo, quizás alguno que observa tras la puerta cuando sales de casa a buscar trabajo.

Quizás ese otro que pudo sostenerte y no lo hizo cuando fuiste a pedir ayuda.

Te imagino con tu hijo en brazos engrosando como tantas veces la cola del paro y te veo caer.

Volver humillada a casa después de sentir el acoso de los perros negros del hambre. Del hambre maldita que ataca a tu hijo. 

No te conozco y te veo caer y lloro contigo, aunque no sepa quien eres. Aunque con tu anonimato se borren las huellas de la ignominia.

Y te siento caer y tu vacío a tus pies es el mío y es el de todos los que estamos metidos en esta maldita locura de sociedad psicopática.

Mañana dirán que estabas loca, que pasabas una depresión postparto, que no pudiste con tu vida. Yo no te conozco y siento tu dolor.

Tus gritos ahogados en el silencio de la oscuridad porque hasta las velas se acabaron y ya no había dinero para más.

No te conozco y aun para mi vergüenza mañana miraré para otro lado tratando de olvidar y seguir con mi vida. Hoy no.

Hoy mi lagrima discurre con la tuya y mi dolor confluye con el tuyo y la misma locura nos invade.

Porque no hay dolor mas grande que mirar al vacío apretando a nuestro hijo contra el pecho.


Porque tu dolor es el dolor de todos los que hemos concertado nuestra caída y la de los nuestros con nuestro silencio cruel.


LA NOTICIA:
Una mujer de 37 años de edad se ha arrojado al vacío desde un sexto piso con su hijo de cuatro años en brazos este lunes en el barrio de San Antón de Murcia. (publicado hoy en 20 min.)