La huella

 

De mañana al abrir los ojos alargué mi mano para tocarte. Acariciar tu piel suave como una perla y solo encontré el vacío que tu cuerpo había dejado en el colchón.

Con rabia me revolví en la cama abrazando tu sitio, el altar donde tantas veces me había postrado para contemplar tu mirada mientras yacías ante mí, desnuda de cuerpo y lo mejor de alma. Almas juntas en la danza universal del amor.

La huella maldita, el vacío que deja un cuerpo cuando se va, porque tu alma hacía tiempo se había ido.

Lloré. Llore por tantas veces que no había llorado, por tantos silencios rotos solo por los aullidos lejanos de los demonios que acechaban y cercaban nuestro amor cada vez más.

Te busqué con rabia, como loco hasta despertar de mi sueño repetido durante mis quinientas noches.

Mas tarde con la taza de café humeando apoyado en el umbral de la cocina donde tantas veces te contemplaba al atardecer cocinando, cantando y soñando. Comprendí por fin que te habías ido para siempre.

Con cariño fui a repasar la cama de nuevo, acariciando cada uno de los huecos impresos donde dejaste la huella de nuestro amor y me rendí a la evidencia.

El hueco de tu huella estaría para siempre marcado a fuego en mi corazón.

Llevé mis manos a ese hueco y me sentí por fin completo al ver que tu ausencia estaba dentro de mí. Por fin éramos de nuevo dos, tu huella y yo.

 

Dedicado a todos los amores que se fueron sin querer irse. Dedicado a todas las situaciones en que la vida nos pone a prueba con una brutal despedida.

Con amor. Antonio 5/7/2021

Feliz San Jordi

 

De donde vienes que me arrebatas

Qué fuego quema mis entrañas? 

Tus manos recorren mi cuerpo

Y el aliento

De sentirme viva

Cuando despierto. 

A todas las mujeres valientes que sienten la vida. 

Diario de un naufrago al 23 de Abril de 2021. Segundo año de la pandemia

DESTRUYENDO LOS JARRONES DE CRISTAL

 Te ruego leas con detenimiento este parrafo. esta exttraido de un libro para mi interesante y exclarecedor. EL INFINITO EN UN JUNCO. su autora Irene Vallejo

La vida no sólo es poesía, que también. Los cuentos no siempre terminan bien. El lobo existe, pero a veces el inocente corderito se convierte en su mayor depredador. La princesa no despertó de su letargo porque el príncipe erró su camino y nunca apareció. A lo peor caperucita, no era tan roja ni tan servicial.

La vida es la que es y la naturaleza, aunque bella es salvaje y algunas veces cruel. No podemos ni tenemos derecho a ocultar estas verdades en la educación de nuestros hijos. De lo contrario correremos el riesgo de educarles en una ampolla de cristal que a nuestros ojos les preservara de los males de una sociedad que no nos gusta.

Nada mas lejos de la realidad. Un día tendrán que enfrentar la vida, su jarrón de cristal se hará añicos y lo peor, no habrán desarrollado las herramientas necesarias par afrontar situaciones de rechazo, discriminación, crueldad, violencia entre muchas otras.

Por el contrario, tenemos el derecho y la obligación de presentarles nuestra propia alternativa a toda esta realidad, basada en la empatía ante la crueldad, el amor ante la injusticia y el respeto mutuo ante el individualismo que nos corrompe el alma.

Diario de un náufrago a 13 abril 2021 segundo año de la pandemia. Por cierto, escrito en martes y 13. Espero que no traiga consecuencias.

El callejón de los olvidados.


 

Hoy mi deseo es aportar luz a algo que durante algún tiempo convive conmigo, es el sentimiento de que cada vez existe mas desarraigo en la tercera edad.

Si, es cierto que la expectativa de vida “saludable” por lo menos hasta hace un año había crecido exponencialmente. También es cierto que los medios que podemos tener para procurar una vejez aceptable son cada vez mejores.

Sin embargo, camino por mi ciudad y supongo que en la mayoría de las demás ciudades pasara lo mismo, veo personas ancianas solas, sentadas en los bancos a uno y otro lado de la calle.

En la actualidad y desde hace poco yo vivo solo , me descubrí comiendo en una terraza, ahora que ya es posible de nuevo. Era una terracita pequeña, poco aforo, apenas seis u ocho mesas. Estaban repartidas y preparadas para la restauración a medio día. Al llegar, pregunta clásica, ¿Cuántos van a ser? Uno, respondo y al momento me indican que espere un instante. A continuación, en pocos minutos, preparan una mesa en un callejoncito a un costado de la cafetería. Cuál es mi asombro que amplían dos mesas mas en el mismo callejón para al menos otros dos comensales solitarios.

Esta sensación de comer solo ya me acompaña durante bastante tiempo en mi vida, pero a ella ahora se añade la de sentirme apartado, casi como escondido.

Poco mas tarde aparece una señora mayor que la indican se acomode en la mesa posterior a la mía. Mas tarde aparece un caballero también de edad que se acomoda en la tercera y así de a poco hemos completado el callejón de los solitarios.

Cuando tenia ocho años, mis abuelos vivían en casa con mis padres y conmigo, de esa época recuerdo a mi abuelo contando historias que me hacían vibrar de emoción y la voz de mi madre pidiéndole que tuviera cuidado porque algunas se escapaban un poco a mi edad. Lo cierto es que mis abuelos fueron una parte importante en la formación que he recibido y estoy convencido que ellos lo sabían y eran conscientes de su valía.

Ahora hemos sustituido a los abuelos por el Google y su buscador nos proporciona todos los datos que necesitamos y muchos más que no necesitamos y en vez de formarnos nos deforman.

Hemos sustituido la relación abuelos - nietos por el IPad y el WhatsApp. Nos hemos vacunado contra la afectividad y esa vacuna si que es agresiva y sociopática.

Hemos convertido a nuestros mayores en seres sobrantes de stock. Negándoles un sitio que por derecho tendríamos que ofrecerles. Estamos dilapidando un conocimiento antiguo por no darlos el espacio y la importancia debida.

Les ofrecemos viajes, les ofertamos múltiples entretenimientos que llenen las horas de vida que les quedan, pero los aparcamos en residencias donde ocultamos nuestro sentimiento de culpabilidad. Sitios a veces inhóspitos e inadmisibles donde todo el mundo mira hacia otro lado.

Esta pandemia ha sido dura y ha mostrado las debilidades que como sociedad de progreso nunca sospechamos que podíamos tener. Ahora es el momento de tomar decisiones tanto a nivel de sociedad modificando las instituciones, haciéndolas mas inclusivas y mas humanitarias, como a nuestro propio nivel personal cambiando actitudes y patrones de conducta hacia aquellos que por su edad y su conocimiento de vida bien merecen sentirse útiles. Encontrémosles entre todos un hueco digno.

Diario de un náufrago en el 17 de Marzo de 2021, año segundo de la pandemia