Hoy mi deseo es aportar luz a algo que durante algún tiempo
convive conmigo, es el sentimiento de que cada vez existe mas desarraigo en la
tercera edad.
Si, es cierto que la expectativa de vida “saludable” por lo
menos hasta hace un año había crecido exponencialmente. También es cierto que
los medios que podemos tener para procurar una vejez aceptable son cada vez
mejores.
Sin embargo, camino por mi ciudad y supongo que en la mayoría
de las demás ciudades pasara lo mismo, veo personas ancianas solas, sentadas en
los bancos a uno y otro lado de la calle.
En la actualidad y desde hace poco yo vivo solo , me descubrí
comiendo en una terraza, ahora que ya es posible de nuevo. Era una terracita
pequeña, poco aforo, apenas seis u ocho mesas. Estaban repartidas y preparadas
para la restauración a medio día. Al llegar, pregunta clásica, ¿Cuántos van a ser?
Uno, respondo y al momento me indican que espere un instante. A continuación, en
pocos minutos, preparan una mesa en un callejoncito a un costado de la cafetería.
Cuál es mi asombro que amplían dos mesas mas en el mismo callejón para al menos
otros dos comensales solitarios.
Esta sensación de comer solo ya me acompaña durante bastante
tiempo en mi vida, pero a ella ahora se añade la de sentirme apartado, casi
como escondido.
Poco mas tarde aparece una señora mayor que la indican se acomode
en la mesa posterior a la mía. Mas tarde aparece un caballero también de edad
que se acomoda en la tercera y así de a poco hemos completado el callejón de
los solitarios.
Cuando tenia ocho años, mis abuelos vivían en casa con mis
padres y conmigo, de esa época recuerdo a mi abuelo contando historias que me hacían
vibrar de emoción y la voz de mi madre pidiéndole que tuviera cuidado porque
algunas se escapaban un poco a mi edad. Lo cierto es que mis abuelos fueron una
parte importante en la formación que he recibido y estoy convencido que ellos
lo sabían y eran conscientes de su valía.
Ahora hemos sustituido a los abuelos por el Google y su
buscador nos proporciona todos los datos que necesitamos y muchos más que no
necesitamos y en vez de formarnos nos deforman.
Hemos sustituido la relación abuelos - nietos por el IPad y
el WhatsApp. Nos hemos vacunado contra la afectividad y esa vacuna si que es
agresiva y sociopática.
Hemos convertido a nuestros mayores en seres sobrantes de
stock. Negándoles un sitio que por derecho tendríamos que ofrecerles. Estamos dilapidando
un conocimiento antiguo por no darlos el espacio y la importancia debida.
Les ofrecemos viajes, les ofertamos múltiples
entretenimientos que llenen las horas de vida que les quedan, pero los
aparcamos en residencias donde ocultamos nuestro sentimiento de culpabilidad. Sitios
a veces inhóspitos e inadmisibles donde todo el mundo mira hacia otro lado.
Esta pandemia ha sido dura y ha mostrado las debilidades que
como sociedad de progreso nunca sospechamos que podíamos tener. Ahora es el
momento de tomar decisiones tanto a nivel de sociedad modificando las
instituciones, haciéndolas mas inclusivas y mas humanitarias, como a nuestro
propio nivel personal cambiando actitudes y patrones de conducta hacia aquellos que por
su edad y su conocimiento de vida bien merecen sentirse útiles. Encontrémosles entre
todos un hueco digno.
Diario de un
náufrago en el 17 de Marzo de 2021, año segundo de la pandemia